El fin de una etapa

Ya estamos todas de vuelta y me gustaría hablarte un poco de mí, del proyecto, de a dónde apuntan los vientos en esta web y de ciertas novedades.

En este post no voy a compartir consejos ni conceptos de productividad per sé (aunque sí las decisiones que tomo gracias a lo que sé de ella), así que si eso no encaja en lo que venías buscando, te aviso para que puedas parar aquí si prefieres invertir tu tiempo en otra actividad.

Lo que si te puedo asegurar que encontrarás es bastante opinión y bastante toma de decisiones en base a cómo veo yo el mundo, internet y lo que nos concierne. Así que vamos al lío.

Un sistema económico roto (no gana dinero quién produce el valor)

Hace tiempo que tengo un dilema con crear contenido (aquí, en Youtube, en redes, etc.) porque considero que la economía digital (y de hecho también la no digital) está rota. O más concretamente: la economía digital me parece abiertamente un timo.

Para empezar, nunca he sido fan del capitalismo. Está simpático para salir del feudalismo (y no ser vasallos de un señor mientras la humanidad progresa), pero me parece que es un sistema económico que a estas alturas ya es incapaz de llevarnos al siguiente nivel. Y, por lo que está demostrando últimamente, a lo mejor es incluso incapaz de llevarnos hasta a la siguiente etapa sin destruir el planeta antes.

Las promesas y el auto-engaño (incentivado)

El capitalismo nos hace promesas (necesarias para funcionar él) como que, si trabajas fuerte, llegarás lejos (premisa de meritocracia). O que si no eres rico es porque no te estás esforzando suficiente (premisa también de meritocracia). Pero la realidad para mí no tiene nada que ver con eso.

Yo estoy con las corrientes que defienden que la meritocracia es casi la excepción pero veo a demasiada gente actuando como si estuviese casi garantizada y fuese la norma en todo lo que hacemos (y cosechando malos resultados con frecuencia por ello). Con esto no pretendo ser ácido, cenizo, ni derrotista pero entiende que, si tomo esta perspectiva es porque creo que así me va mejor y porque no quiero auto-engañarme. Porque eso es lo que leo en los datos (aunque no me gusta nada). Y si me auto-engañase, tomaría peores decisiones y además entiendo que me cerraría la puerta a ver las pruebas que necesito para salir adelante.

A mí, como a cualquiera, me gustaría creer que el mundo es justo, meritocrático y positivo porque «me conviene». Es decir: si el mundo es meritocrático siempre puedes hacer tu día y tus cosas tranquilo (que tu recompensa llegará), pero cuando el mundo no es meritocrático significa que además de hacer tu trabajo deberías vigilar que tu aportación se traduzca en beneficio para ti y que los/as golfos/as de este mundo no se queden con aquello por lo que tú has trabajado duramente. Ese sobre-esfuerzo, ya de primeras no apetece. Pero si no lo hacemos los golfos/as del Universo tendrán un incentivo a colarse (y para mí está pasando masivamente, vaya).

Por eso, y para que se me entienda bien, para mí la meritocracia es como, la justicia o incluso la organización, si quieres. Los tres son ejemplos de ideales que el ser humano puede imaginar, y estoy totalmente convencido de que nos va mejor cuánto más los promovamos. Pero el mundo y la naturaleza no son ni meritocráticos, ni justos, ni organizados por defecto. Nos corresponde al ser humano impulsar estos valores y luchar por ellos. Cuando intentamos ahorrarnos ese trabajo y seguir con nuestra vida (mientras no se dan), la gente aprovechada se aprovecha y nos acabamos frustrando.

Injusticias tan arraigadas que asusta imaginarse sin ellas

Pero no es nada simple luchar por estos valores porque a nada que seamos un poquito coherentes ya deberíamos sacudir fundaciones que están muy arraigadas (ojo, y yo creo que es lo correcto).

Por poner un ejemplo: la herencia (de padres a hijos) está totalmente normalizada pero, para mí, constituye una de las mayores injusticias y lastres de la humanidad (y de este sistema). Este fenómeno demuestra en segundos cómo en este sistema de reparto hoy mismo pueden nacer y nacerán bebés virtualmente multimillonarios (que lo serán aunque no den un palo al agua), mientras millones de personas trabajarán y aportarán el valor a la sociedad sin necesariamente siquiera tener garantizado cubrir sus necesidades básicas como comida, ropa, vivienda o estabilidad para vivir tranquilas.

Ya sé que da miedo y es muy difícil de explicar una medida como cambiar las herencias hoy en día (porque todos pensamos en lo que perdemos) pero piensa cómo sería el mundo si en vez de heredar solo de tus padres, heredases de todo el mundo constantemente. O dicho de otro modo, lo que era propiedad de alguien mientras vivía vuelve al conjunto de lo disponible una vez que deja este mundo. En ese mundo yo imagino que todos viviríamos más para nuestra vida (en vez de para la siguiente generación o gracias a la anterior). Tu trabajo no sería vivir para acumular ni dejarle algo a tus hijos/as, pero tampoco vivirías sin el lastre ni billete dorado de la generación anterior.

Estaríamos ciertamente cerca de una sociedad más justa, donde cada persona tendría una oportunidad similar sin importar de quién sea hijo/a. ¿Es eso algo tan raro? O, ¿es raro e injusto más bien lo que tenemos como sistema ahora?

Productividad pragmática (o bajas al barro o es humo)

Actuar y acompañar negocios y personas entre estos dilemas éticos, no es tarea fácil. Yo quiero que el mundo sea justo y progrese. E idealmente me gustaría siempre hacer el bien con 0 reproches. Pero si no bajas al barro, escuchas a estas realidades y tomas una posición coherente con tus valores, en mi opinión, te vas a convertir tan rápido en alguien tan «correcto y neutral» que no puedes ayudar a nadie. Por miedo a tocar cualquier cosa relevante NO puedes precisamente tocar nada que provoque un cambio real.

Y como no quiero ni darle consejos a nadie que yo mismo no veo coherentes con como se es productivo hoy en día ni prepararme siempre para un entorno tan idealizado, de meritocracia o justicia (que luego no se da) y pasarme la vida quejándome (en vez de bajar al barro y hacer lo que me toca) pues por eso abro el melón de hablar de esto y estoy tomando (más) acciones para ser coherente con lo que observo.

¿Se puede hacer productividad sin entrar en todo esto (política, economía, sociedad)?

Yo creo que no.

Si pudiese evitar hablar de economía, sistemas y personas lo haría para centrarme «solo en productividad». Pero es que no existe tal cosa y aunque tú quieras mantenerte al margen «el tema viene a buscarte a casa».

Tanto es así que no he realizado probablemente ningún acompañamiento, auditoría de productividad o consultoría desde que empecé en la que la economía (como recurso de la productividad) no juegue algún rol. Y por lo tanto lo que pasa en el mundo importa.

Hace unos meses me entrevistaban en la revista Business People (el número, páginas 46-49) y me encontré diciendo algo a mí mismo que siempre había intentado evitar (de hecho, suponía que me censurarían la participación al decirlo tan explícitamente) pero me lo publicaron y pasó adelante. Me preguntaron por qué la economía española no subía a pesar de subir el PIB y yo apuntaba a la especulación como culpable: «no hay productividad que aguante que alguien especule con tus beneficios».

O, en otras palabras: si Manuela tiene un bar que produce 200€ más este mes que el anterior, pero al propietario del local se le da por decir que «eso es porque mi local es muy bueno y me corresponden esos 200€», le puede subir el alquiler 200€. Y Manuela, por mucho que mejore mes a mes, mientras exista esa posibilidad de subida, nunca subirá su productividad. Quién sí ganará más es el/la especulador/a.

Si una empresa se afinca en Madrid y sube el salario medio del barrio de 1.600€/mes a 1.800€/mes y los caseros deciden empezar a cobrar 200€ más por mes «porque pueden» no habrá subida de productividad ni beneficios para esos/as trabajadores/as. Se lo llevarán los/as especuladores. Y así podemos hacerlo con todo.

Ojo, no digo que lo hagan, no digo que todo el mundo sea malo, no asumo nada. Yo miro la productividad de Manuela y digo: «mientras esa posibilidad exista, tu productividad dependerá enormemente de tu casero». Y eso es devastador (y fallo flagrante, si no deliberado, del sistema, claro).

¿El boom de la especulación?

En serio, si te parece que la vivienda ahora mismo está «en crisis» y esto que vemos en las plazas de toda España es «una fase puntual», es que no estás entendiendo (en mi opinión) la estructura del sistema. El capitalismo es estructuralmente especulador. En los mercados internacionales se hacen «corralitos», monopolios, oligopolios y tensiones artificiales constantemente porque da dinero.

De hecho, sin regulación (el sueño último de algunos), la especulación haría estallar la cohesión social y acabaría con sociedades como un virus letal mata a su huésped. Además con un cierto tinte de la fábula del escorpión y la rana. La sociedad sana le diría al especulador: «¿pero por qué me has saqueado si ahora nos vamos a ir a pique ambos?» Y el especulador respondería llorando algo tipo: «es que el sistema es así, si no lo hacía yo lo hubiese hecho otro», mientras ambos pierden la partida y se hunden.

Lo cual hace pensar una vez más: ¿por qué este sistema? ¿Por qué uno que nos incentiva un fracaso colectivo (en mi opinión)? Pero hay quién gana mucho gracias a él, claro.

Siendo precisos, en nuestro sistema financiero una persona no cobra (se beneficia) cuando satisface una necesidad, sino cuando tú le compras. Con esto, el sistema incentiva que las empresas NO satisfagan a sus clientes usando a menudo además tácticas repulsivas. Como es el caso de las apps de ligar (que cada vez que hacen una pareja, pierden 2 clientes) o los seguros (que en cuanto hay un accidente pasan de ser tu aliado a «tener motivación para intentar no pagarte») y decenas de paradigmas más (obsolescencia programada, enshittification, etc.)

¿Los hay que no especulen o no quieran estrujarte? Sí, los hay. Maravillosas personas y muy maduras. Pero en el sistema prosperan más y más rápido los que NO lo hacen. Así que tarda poco en comprarle la empresa el deshonesto al «honesto y maduro» y eso es un drama colectivo. Un sistema sano haría que el honesto ganase.

A medida que la gente se dió cuenta de que la especulación era más rentable que la propia generación de valor estalló el crecimiento de actividades de especulación pura. Nacieron y vivieron su esplendor la City londinense, el barrio económico de Frankfurt, la Defense parisina y así múltiples zonas y polos financieros que llevan especulando con todo tipo de bienes (desde los cereales, al suelo, pasando por parkings o materias primas) con el único fin de extraer valor. No hay ni que hablar del impacto mundial que pueden tener en un solo sector o una sola materia prima una agrupación puntual de actores relevantes (como por ejemplo, lo que supuso la creación de la OPEP con el petróleo en su día).

Por lo que el negocio grande grande no está en generar valor si no en ponerse entre alguien que está dispuesto a pagar mucho y alguien vendiendo a un precio razonable (es decir: sin especulación). O también está de moda: comprar de saldo a alguien caído en desgracia o que necesita vender.

Y eso para los que amamos la productividad, pero sobre todo el hacer un mundo mejor, es un auténtico drama. Viene una época muy negra (y a ver si la sobrevivimos suficiente como para que no se cargue antes el planeta). Al mismo tiempo, también hay mucho espacio para el optimismo y somos mayoría las personas perjudicadas por lo que nadie está a solas en esto.

En internet también se especula

En medio de este contexto la economía de internet ha evolucionado también. Piensa que los sectores no son estancos porque el capital se mueve a dónde encuentra más beneficio. Así que si quieres que invierta dinero en ti (en vez de especular en suelo, oro, cabras o vacunas) vas a tener que hacer algunas prácticas suficientemente agresivas como para que me plantee prestarte a ti el dinero. Al menos, eso opinaría un inversor «frío» y calculador (que es la lógica por lo menos que incentiva el sistema).

Para esto internet ha pasado de la fase de «captar el máximo de usuarios y dar las cosas casi gratis» a la triste realidad del «robo masivo y la impunidad» con cierto oligopolio (y ahora con IA). En estos momentos las 5 grandes empresas sin las que es casi imposible hacer nada son: Google, Amazon, Microsoft, Apple y Meta (Facebook). Aunque Nvidia me parece que se está ganando el billete de entrar en ese club por todas las tarjetas gráficas que vende y la necesidad que se prevé de sus productos en el futuro.

El precedente de Google News

Google ya había pegado un primer golpe sobre la mesa de lo que yo llamo «la economía del robo» cuando lanzó en su dia Google News (para quién lo recuerde). Con ese producto, Google te permitía ver los titulares, noticias de los periódicos y bastantes partes del cuerpo de sus artículos en su plataforma sin que fueses a la plataforma final (con unos efectos devastadores para los periódicos en sí).

Imagínalo, mientras un periódico de Lugo le pagaba su nómina a un redactor que se curraba una investigación sobre una mina ilegal, Google era quién te traía el titular. Su quiosco era a dónde acudirías para ver cientos de titulares de muchos periódicos y tendría la mejor página principal de noticias de internet (muy superior a cualquier periódico individual porque los agregaba potencialmente a todos) sin pagar un solo artículo.

Google podía por lo tanto cobrar por ponerte los anuncios más caros sin pagar ni un solo sueldo a redactores. Como mucho, llevaría un par de clics a ciertas noticias cuando alguien quisiese profundizar. Pero en esencia, se adueñaba de lo principal del contenido y ya casi nadie iría a las portadas digitales de los periódicos. Lograba que la página tradicionalmente más cara de cada periódico digital ya no valiese casi nada. El periódico de Lugo paga al redactor, el redactor suda y se la juega, Google gana el dinero.

Por aquel entonces el caso dio mucho revuelo, Google se estaba enfrentando a periódicos (que aún eran grandes empresas y colectivamente mucho más potentes que Google, especialmente en países como EE.UU.) y tuvieron que recular. Pero el producto indicaba la tendencia y su intención.

La IA sin control

Hoy en día internet ha evolucionado y los 5-6 grandes del mercado de internet-tecnología son además casi las 6 mayores empresas del mundo.

Las IAs son principalmente suyas de uno u otro modo (Nvidia tiene ahí mucho que decir) pero básicamente se han salido con la suya al entrenar sus modelos con virtualmente todo lo que hay en internet (robándolo sin más). Y lo que es más: cada vez que publicamos en Youtube (Google), LinkedIn (Microsoft), Instagram (Meta), etc. estamos alimentando sus LLMs (los modelos de IA) y dándoles materia prima.

Casi todos los buscadores han integrado ya la IA en sus búsquedas y han hecho de aquel «Google News» que era tan malo para los periódicos, lo primero que te encuentras al buscar casi cualquier término. Lo que no pudieron hacer en su día con Google News contra los periódicos, lo han acabado imponiendo en silencio sin la menor posibilidad de oposición a todos/as los/as creadores/as de contenido del mundo como un servidor. El mismo robo aún más masivo y por sistema lo colaron más fácil.

Qué decido hacer yo con todo esto

Participar hoy en día en internet por lo tanto parece casi contraproducente.

Yo quiero ayudarte, compartir contigo lo que aprendo, investigar para ayudar mejor a negocios y personas, pero no hacer más ricos/as y millonarios/as a psicópatas ladrones que dirigen estas empresas.

Límites para unos/as, impunidad para otros/as

Es curioso, porque a mí nunca me gustó la idea del copyright (del capitalismo). Eso de que «me den derecho a prohibir la difusión de una idea o texto escrito por mí supuestamente para fomentar que yo genere más». Siempre me parecerá absurda y un motivo más de por qué el capitalismo nos frena en el progreso humano.

El conocimiento está hecho para compartirse, yo no he pagado copyright a Newton, Planck, Rosalía de Castro o Claude Shannon por nada de lo que aprendí desde el colegio hasta hoy pasando por la universidad. Yo quiero que tanto mis libros como mis cursos los disfrute el máximo de gente. A mí me interesa el impacto positivo en las personas y el mundo (no «que sea de forma que yo cobre mucho más que los demás»).

Pero es que además ahora resulta que por todo lo que subo a plataformas de terceros o ¡hasta en mi propia web! van a recogerlo Google y otras IAs para hacer resúmenes no humanos potencialmente mal hechos y llevarse dinero.

Yo pago el servidor a Amazon (el ordenador en que se guarda esta web), yo pago al diseñador que la montó, yo investigo y escribo los textos, ¿y la IA se lleva el dinero?

¿Se avecina una huelga de contenidos?

Casi uno podría deducir que lo más productivo es parar de escribir y de generar contenido.

En serio. Literalmente, esa es una de las formas en las que morirían estos gigantes y las IAs. Cuando no tuviesen material nuevo que robar.

De hecho me pregunto: ¿veremos algún día una «huelga de contenidos» dado que viven de nuestra materia prima? No sería nada tonto, viendo el esquema en el que ya nos encontramos.

Y ese es principalmente mi dilema actual con publicar.

Productividad en tiempo de dos velocidades: entre quién no la necesita y quién no puede costearla

Yo en productividad no solo soy de deducir teoría, sino que me esmero en aprender, entrenar y ponerme a aplicarla. Y a veces eso es muy difícil y requiere un componente mucho más humano.

En la economía real en España veo empresas cada vez más contra las cuerdas (esmerándose en producir con una eficiencia salvaje) mientras hay grifos dorados que, quién los posee, no tiene que tocar nada.

Por grifo dorado, me refiero a que, por ejemplo, si tú tienes con tu empresa acceso a unos fondos europeos, unos contratos municipales o ciertas prerrogativas entregadas a dedo puedes «imprimir dinero» sin ninguna necesidad de mejorar nada (que al fin y al cabo cuesta esfuerzo) porque que te lo sigan regalando no depende de lo bien que lo hagas.

En nuestro mundo hoy en día conviven ambas realidades. Gente esforzándose al máximo por cuadrar negocios híper-tensionados con casi 0 margen (y especuladores presionando), mientras otros negocios van al estricto mínimo, nadan en fondos, pero su opulencia no viene de la «productividad cotidiana», sino de la firma de un contrato privilegiado al que la meritocracia nunca llegó.

Los segundos, no me necesitan (ni me quieren contratar), los primeros no pueden.

Y ese es también un escenario crudo.

He contactado polígonos, asociaciones sectoriales, grandes empresas, municipios, entidades locales, fundaciones y todo tipo de organismos y me duele terriblemente ver esta fotografía pero la acepto y actúo en consecuencia.

Curiosamente mis clientes han salido siempre de algún tipo de situación intermedia. O bien una gran empresa que paradójicamente sigue movida por la meritocracia e impulsada por la mejora continua (aunque, siendo sinceros, no por necesidad inminente, si no por visión y madurez), o un negocio pequeño que pese a trabajar muchísimo y vivir en bajo margen se las ha arreglado para «no estar contra las cuerdas» y además invierte en formarse y mejorar su productividad.

La verdad que he tenido muchísima suerte por las empresas y clientes/as con las que he trabajado pero también asumo que invertir en productividad hoy en día parece algo más sacado de una excepción. El filtro ha hecho que esas empresas sean super-interesantes y me sienta muy agradecido de que hayan confiado en mí, pero jugar para la excepción es estrategia normalmente de perdedor. Mal rollo estar en este mercado con esta fotografía.

Además cada evento y cada iteración empuja más la situación hacia el destino esperable. Sin ir más lejos, en el COVID, una recesión o una crisis de consumo todos recortamos primero en lo que se puede posponer. Y la formación es uno de ellos porque nadie puede posponer comer.

A dónde apunto

En ese marco, adoro mi profesión, pero mucho me temo que este 2026, siendo coherente con lo que observo, con lo que hago y con la estrategia de negocio (que para seguir aportando hay que seguir vivo), lo más probable es que transforme radicalmente el cómo funcionaba hasta ahora. Y eso implica que probablemente a lo mejor ya no publique nada más de ahora en adelante.

Me encuentro en una etapa en la que no considero que me rente el esfuerzo de mantener esta web abierta, publicando, seguir creando servicios, manteniendo plataformas, pagando servicios necesarios para el funcionamiento, prospectando, innovando en productividad, etc. para tener que reorientarlo a algo más aplicado (y definitivamente menos dependiente de terceros, como de Google y su buscador «que vende más caras las propias palabras por las que detecta que yo tendría tráfico natural»).

Me da muchísima pena porque sigo queriendo apostar por este proyecto lo mismo que el primer día y, en cierto modo, voy a seguir haciéndolo. Pero es probable que haya llegado el fin de una etapa y que haya llegado el fin de publicar en las diferentes plataformas que he publicado a lo largo de más de 10 años.

He acompañado a demasiados negocios que se han metido en un pozo como para no saber reconocer ciertas señales. Así que, al reconocerlas, no necesito esperar a probar nada a la desesperada ni hipotecar nada futuro para saber que paro en el punto indicado. Si la gente de tu pueblo ya no tiene cabeza, por muy buen sombrerero que seas, lo sabio es cambiar de mercado. Al menos hasta que el contexto cambie. Y esa es mi lectura actualmente.

No me precipito a decir más de la estrategia porque estoy muy en modo «Think Again» que diría Adam Grant y el problema que tengo delante no es determinista. Es decir, si yo supiese exactamente cuál es mi mejor opción ahora y fuese algo que ya he hecho con anterioridad, sería capaz de explicarte paso a paso lo que fuese a hacer como explico en el método OSEI.

Pero cuando un escenario es nuevo, incierto y con información entrante constantemente la mejor estrategia suele ser mantener opciones abiertas y «repensar» (en función de esa información) hasta que vea luz al final del túnel y entonces pueda escribir el plan completo. De lo contrario, si os dijese qué va a a pasar hoy con esta web, me estaría cerrando la puerta a opciones, ideas o incluso experimentar, que a menudo es clave para encontrar la siguiente solución.

Una última cosa: gracias, gracias y más gracias

Del mundo no desaparezco y mis intenciones no cambiarán nunca. Así que muchísimas gracias por todo el cariño expresado y el apoyo en todos estos años. Seguís teniendo esta plataforma y mi contacto para compartir conmigo lo que sea y me encantará siempre oír y leer vuestros comentarios (que lo más bonito de este proyecto siempre habéis sido las personas).

Que no esté publicando activamente no quiere decir que no reciba y lea los correos y comentarios igual por lo que no dejes de hacerme llegar lo que te apetezca.

Un abrazo y muchísimas gracias por estar ahí,
Iago

PD: Aprovecha los recursos de esta web mientras estén porque pago bastante cada mes por mantenerla y a lo mejor tengo que descatalogar muchas cosas. Es posible y casi probable. Así que aviso. Aprovecha lo que quieras mientras siga online porque puede que un día deje de estarlo ;). Si te ayuda algo, no esperes más 😉 .

Imagen de Iago Fraga

Iago Fraga

Mi vocación es ayudar a las personas a trabajar cómo, dónde y en lo que les haga felices. Y para ello soy consultor, mentor y formador de productividad.

Textos humanos,
fuentes verificadas

texto, libre de, IA

> 100% de textos escritos por humanos (excepciones avisadas así).
> Fuentes/referencias comprobadas.
> Sigo el código de conducta AI-Free.

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9 comentarios

  1. Sos un genio IAGO!! Ex tan claro lo que decís
    Estamos buscando cómo protagonizar un cambio urgente
    Sigamos!!!
    Los caminos de lo nuevo también se unen y se potencian!!
    Lo mejor!!
    UN abrazo siempre desde Buenos Aires Argentina
    María Héguiz

    • Ui… no me dores el ego que me vengo arriba .

      Pero ojalá que vivamos ese cambio urgente que mencionas. Y si puede traer un nuevo paradigma, donde las personas buenas salgan premiadas y la honradez lleve acompañada recompensa, ojalá que lo veamos a ambos lados del Atlántico y en el mundo entero.

      Un abrazo, María y ¡gracias por tus palabras como siempre!

  2. Iago, estoy impresionado por tu artículo. Lo tengo que volver a leer con calma porque no he entendido bien todo lo que dices, sobre todo al principio del texto, vamos, no lo he asimilado, no lo comprendo todo, de verdad. Comparto tus críticas del capitalismo. Comparto tus críticas del sistema de herencia que hace ricos a gente que no ha hecho nada en la vida. Comparto tu solidaridad con Sol. Comparto tus ideas contra la especulación immboliaria, comparto tus críticas de los golfos que se enriquecen a cuesta agena. Comparto tu desconfianza con los GAFAM (Googel, Amazon, Facebook, Microsof) Podría habar de este tema largo y tendido, contándote por ejemplo como en la compra del piso de Jérémie nos hemos reunido 80 familias contra la especulación immboliaria y de los suelos de Toulouse (Francia) y cómo hemos creado recientemente una empresa colectivamente para compar un «bajo» en la residencia -donde vive/vivía Jére- para veneder ropa reciclada y evitar la instalación de un MacDonal u otra tienda repugnante. Otra vez será. Cuando tenga un momento volveré a leerte con calma. Perdona los errores de este texto escrito con prisas. Una cosa si he entendido : que vas a cambiar, que una nueva etapa de tu vida comienza. Te deseo todo lo mejor y estoy muy orgulloso de tenerte como…. amigo.

    • Muchas gracias, Enrique 🙂

      Qué dantesca la situación que mencionas de comprar vosotros un local para evitar que se os instalen negocios «hostiles». Muy hostil debe ser la situación o los ejemplos de casos que tenéis para que hayáis llegado a la conclusión de que esa es la solución menos mala. Pero chapó, claro.

      ¡Un abrazo enorme 🙂 !

    • PD: Ah, y gracias por la mención a las GAFAM. Actualicé la lista porque estaba pensando exactamente en ellas pero hay un par de detalles que no me paré porque me dije «Iago, como te pares a retocar detalles ahora no sacas lo que tienes que decir y esto no sale adelante». Así que ya lo edité ahora a raíz de tu mención :). Graciñas!

  3. Iago, es una pena que dejes de publicar.

    Aunque estoy seguro de que pronto nos sorprenderás con un modelo de negocio y nuevas publicaciones, cuando orientes todo de nuevo.

    Prueba, vuelve a equivocarte, prueba de nuevo y acierta lo antes posible.

    ¡Ánimo y por todas!

    • Como sé que tú lo entiendes, creo que mi próxima red social preferida es la calle (en versión vanilla) y mi publicaré todos mis contenidos, pruebas y prototipos durante un buen rato en la queridísima plataforma «Localhost» 😀 .

      Pero sí, esperemos que un tiempo apartado de lo que quema y los abusones que se te quedan con el bocadillo del cole me permita volver con ideas nuevas.

      ¿Te veo en la WordCamp Galicia, por cierto?

  4. Muchas gracias Iago, grades verdades y reflexiones que al menos nos hacen detenernos a pensar mucho por más que el piloto automático nos lleve nuevamente a nuestras rutinas.
    Suscribo 100% los conceptos de fondo.

    Un gran abrazo y gracias nuevamente.

    • Gracias a ti, Martín.
      Sientete aludido en las personas con las que me ha encantado trabajar todos estos años.
      Conoceros, ver cómo os lo trabajáis y tener la oportunidad de poder ayudaros es de lo mejor que me ha traído esto desde que empecé.
      Un abrazo y ¡gracias por pasarte a saludar!

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