5 duras verdades de productividad que aprendí emprendiendo

Emprender para mí es una montaña rusa de emociones y una de las experiencias más bonitas que me ha traído la vida.

Si trabajando por cuenta ajena te sientes como un acróbata en una cama elástica que cada vez que salta un poco alto se da con un techo de cristal, emprender hace todo más vivo y más real.

Es como si el día que dejas tu trabajo por cuenta ajena y empiezas a trabajar por tu cuenta, te quitasen ese techo de cristal pero simultaneamente se llevasen la red de seguridad que tenías debajo.

Eso cambia completamente como afrontas cada día y cada reto y efectivamente te despeja el horizonte para que puedas saltar tan alto como quieras. Pero es en las caídas, amigo/a mío/a donde más se aprende con diferencia.

1. A nadie le importa el tiempo que trabajas, solo el valor que produces

Contar las horas trabajadas es un absurdo exclusivo del trabajo asalariado. Eso es, a menos que te lo lleves contigo también para cuando emprendes.

Que no es casualidad que tu primer día emprendiendo eres un profesional ex-asalariado con hábitos de asalariado y un mundo por descubrir.

Lo que no dice la letra pequeña en ningún sitio es que literalmente a nadie le importa cuántas horas trabajas (para bien o para mal). A nadie le importa y a tu libro de 20€ le has puesto 500 horas o a tu primera charla gratuita 600h. Te juzgarán por el valor. Por el valor que perciban además (no siempre el real) y esto requiere sus aprendizajes.

Ni haces mal a veces por levantarte a las 11h y descansar bien antes de empezar un día de trabajo ni deberías insistir en intentar vender más caro algo que, por muchas horas que lleve, no ha quedado fino.

La oportunidad que abre esto de que no sea linear la relación entre tiempo trabajado y valor es una joya de la productividad: ¿en qué cosas puedes aportar mucho, con relativamente poco tiempo? Y alrededor de esa idea puede que tengas algunos de tus mayores éxitos (aunque los estés descartando aún por algo).

2. Suelta control en todo lo que puedas (o perece por ello)

La diferencia entre un email de 50 minutos y uno de 3 es intentar controlar qué pensará la persona que lo reciba. Y en casi cualquier situación se puede dar el mismo fenómeno y podrías querer controlar el cómo se recibe.

No lo hagas. Es estéril. No puedes controlar la opinión de nadie, pero pasar 50 minutos solo hace que pierdas tu día y no hagas más o mejor lo que sí importa. Así que dedícale tiempo a lo que te aporta valor y suelta ese control:

  • Llama a clientes sin asumir que depende de ti que te contraten o no,
  • escribe propuestas sin asumir que su éxito depende solo de ti y tus circunstancias,
  • escribe contenido sin pensar en los «me gusta», la plataforma o el algoritmo,
  • no elijas tu camino pensando en qué pensará la grada,
  • deja de evitar escenarios «incómodos» contra viento y marea ya que no sabes incluso si no serán mejores para ti que el actual,
  • etc.

3. Eres tu mayor activo, deja de poner excusas y cuídate

No son los proyectos los que te hacen avanzar. Eres tú.
No son tus éxitos los que te hacen avanzar. Eres tú.
No es tu joya de la corona profesional lo que te hace importante. Eres tú.

Hasta la cosa más valiosa que creas que tienes, la tienes porque las has creado, atraído o conseguido tú. Y en ti está la capacidad de hacer eso y más.

Así que cuídate sobre todas las cosas. Apunta a un estilo de trabajo y vida sostenible y ponle un límite a esquemas a la desesperada en los que obvies el daño, cansancio, maltrato emocional o parte que te afecta a ti como «algo menor».

Nada que te afecte a ti es menor (ni para mal, ni para bien). Así que, sea cual sea el objetivo, prioriza tu bienestar sobre lograrlo. Porque es mal cambio un logro grande o incluso uno gigante en el camino por quemarte a ti mismo/a (tu mayor activo). Y si tensas la cuerda suficientemente te fundirás.

4. Huye de la comodidad y ven a diario a ser valiente

Tu objetivo no es la comodidad y mucho menos a corto plazo, porque apuntar a ella es la vía más rápida para perderla.

Tu objetivo (y lo que quieres, además) es ser valiente cada día.

Primero, porque la vida está para ser vivida y disfrutada (no apagada y anestesiada tanto que ni te ponga en peligro ni te dé alegrías). Tener 80-90 años en este mundo y reducirlos a la monotonía más aburrida que puedas conseguir es un drama. E, insisto, quién apunta a la comodidad la acaba perdiendo.

Pero segundo, porque siendo valiente expandes horizontes y creces. ¿Que no te apetece vender tu última idea aún muy verde? Pues atrévete a hacerlo (porque ahí hay algo nuevo, hay crecimiento y está tu siguiente aprendizaje). Si sale mal no pasa nada (de todo «no» se aprende mucho). Pero si sale bien, te dará un chute gigante de energía y habrás cruzado una nueva frontera.

Curiosamente la valentía te lleva del «ninguna opción me vale», al «esto podría funcionar» hasta el «no me creo que esto haya funcionado». Y, paradójicamente, en el crecimiento continuo te encontrarás la comodidad sana. Esa que, sin perseguirla, la obtienes mientras estás atento a seguir creciendo y ser valiente cada día. Que probablemente la descubras por alguna vía curiosa, como al comentarte un conocido una incomodidad que le preocupa y darte tú cuenta de que a ti esa ya nunca te preocupa. Por ejemplo: jamás sufrirás porque «trasladen» tu empresa, si eres tú el dueño.

5. En productividad todo suma, todo importa (para bien o para mal)

Vas a intentar mil y una veces (y mis alumnos/as y clientes/es me lo piden igual) conseguir ciertos resultados intentando evitar lo que te incomoda.

Con tal de no confrontar al cliente tóxico, somos capaces de aguantar muchas cosas.

Pero la belleza de la productividad es que todo suma, todo cuenta y esto es lo que te acaba haciendo crecer.

Parece que la vida insiste precisamente con algunas de las cosas que más evitamos, hasta que aprendamos la lección. Así que si te cuesta confrontar, te va a servir esas lentejas hasta que aprendas. El cliente tóxico escalará, tu colaborador/a se pondrá pesado/a, tu pareja cruzará líneas y hasta en la panadería te harán esperar más porque «como tú nunca tienes problema».

El caso es que cuando aprendas esa lección (con la situación que te lleve al límite), te resultará trivial propagar el mismo aprendizaje como un efecto dominó. Tus resultados cambiarán y serás una nueva persona.

Es normal evitar lo que nos cuesta, es fastidiado que la vida nos sirva ración doble de ello, pero es una fortuna aún así que en la productividad todo cuente y todo sume porque gracias a ello crecemos. Ojalá la próxima vez, lo tengas en cuenta y necesites menos horas delante de las lentejas para confrontarlas y evitar que te las sirvan a diario 😀 (a mí ahora, de hecho, me encantan).

Y a ti, ¿qué dura verdad te enseñó la productividad que recuerdes especialmente?

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Iago Fraga

Mi vocación es ayudar a las personas a trabajar cómo, dónde y en lo que les haga felices. Y para ello soy consultor, mentor y formador de productividad.

Textos humanos,
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texto, libre de, IA

> 100% de textos escritos por humanos (excepciones avisadas así).
> Fuentes/referencias comprobadas.
> Sigo el código de conducta AI-Free.

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2 comentarios

  1. Iago, siempre aportas valor, gracias mil. Desde hace varios años te sigo desde México. Mi emprendimiento va despacito, con un montón de experiencias en el camino. Gracias por seguir siendo referente de muchos en el mundo virtual!

    • ¡Muchas gracias a ti por pararte a dejar el mensajito, Laura Olivia!
      En la era de los móviles y las prisas, da gusto leer comentarios como el tuyo.
      ¡Un saludo!

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