Iago Fraga

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Soy consultor, mentor y formador en productividad. En este blog encontrarás la ayuda necesaria para ser más productivo y eficaz

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¿Cómo sé si estoy procrastinando?

Tooodos y todas hemos tenido que dejar algo para más tarde alguna vez. Todos.

Pero es posible que incluso leyendo estas líneas puedas pensar de fondo en un tema al que no das logrado hincarle el diente y para el que ya pueden pasar los días y las semanas que parece que nunca sabrás si lo estás procrastinando o es que todavía no estás listo para afrontarlo (y estás preparando correctamente el terreno).

Esta duda es muy común, totalmente normal (cuando sabes cómo funciona) pero en la mayoría de casos podemos llevarla muy muy mal porque en el peor de lo casos podrías hasta estar posponiendo un tema correctamente y sacarte a ti mismo del buen camino por impaciencia, miedo o falta de confianza en ti mismo.

Al fin y al cabo ¿quién nos ha enseñado a saber cuándo estamos procrastinando (aquí tienes su definición en la Wikipedia si no es un término que domines mucho) y cuándo no?

Por eso hoy me gustaría hablarte de cómo trato yo este tema para que puedas afinar tu brújula interna, diferenciar mejor entre lo que pospones y lo que estás procrastinando (con cierta vagancia) para que puedas trabajar tranquilo y dejar de lado sin remordimientos lo que toque posponer a cada vez.

¡Vamos a ello!

1. ¿Por qué llegamos a esta situación?

Lo primero, quiero dejar claro que si alguna vez te sientes mal por no estar haciendo algo no solo estarás sintiendo algo muy común, sino que forma parte crónica de emprender.

La lógica es la siguiente:

  • Si quieres llevar con éxito una empresa tienes que abrir muchos frentes con tareas simultáneamente,
  • para avanzar sin dispersarte necesitas poner varios de esos frentes en pausa mientras te concentras en unos pocos
  • y, como con el paso del tiempo la situación evoluciona, la delgada línea entre lo que pospusiste en su día «con toda la razón» y lo que llevas un tiempo posponiendo (más bien «por vagancia» o por «escaquearte») se hace más y más fina.

No es que sea el mecanismo ideal (porque tendemos a sacar conclusiones muy muy rápidas en este mundo acelerado) pero es cierto que esa sensación de sospechar que puedas estar siendo «un poco vago» (a parte del aspecto negativo) también cumple en tu vida una función positiva.

La función positiva es la de permitirte reevaluar antiguas decisiones para que cuando un tema esté por fin desbloqueado te lances a por el sin eternizarte.

De lo contrario, quién no tuviese ese reflejo, podría decidir posponer una cosa hoy y puede que nunca volviese a revisar ese tema.

2. La clave es la intención

Pero para que no te comas el coco con este tema (especialmente para que NO tengas sensación de procrastinar cuando estás haciendo las cosas bien) el criterio clave que separa «la vagancia» de «posponer las cosas con cabeza» es la intención.

Es decir:

  • Si tu intención / planes / estrategia pasan por posponer una tarea aunque sea por 10 años, lo que estás haciendo de posponerla es lo correcto.
  • Si tu intención / planes / estrategia no dicen nada en contra de que puedas tener tiempo para hacer una tarea y pasan múltiples ocasiones de hacerla sin que actúes entonces es que estás procrastinando.

Sin más.

Ya sé que puede ser un poco molesto que dependa de «tu intención» (y no de algo más «absoluto y objetivo»), pero lo cierto es que es así.

Si quieres que sea algo sea más objetivo y eres una persona muy propensa a dudar de ti, entonces mi recomendación es que te habitúes a escribir.

Escribe tus objetivos actuales, escribe tus planes, escribe tus tareas, etc. El papel y boli no mienten. Lo que está en tu cabeza es difícil decir a ciencia cierta cómo era hace 1 año.

Así que si escribes podrás ver claramente tus notas y podrás quitarte un poco de esas «malas sensaciones» si algún día sospechas que estás procrastinando algún tema porque en el papel figurarán tanto tu plan como las razones por las que no tienes ahora tiempo para ese otro tema.

3. Posponer no siempre es malo

Creo que se deduce de lo anterior pero como es un punto demasiado importante quería dejarlo explícito igualmente así que lo repito: posponer no siempre es malo.

Al contrario. Al hacer cualquier plan tendrás siempre más tareas de las que puedes afrontar y, trabajar en una concentrado y con el resto de ellas en espera es la forma ideal.

Si trabajas en 15 cosas a la vez, por mucho que tengas la sensación de ir más rápido, en seguida empezarán los errores, las interrupciones y otros problemas. Así que no solo posponer es algo bueno, sino que lo normal en un día cualquiera de tu vida es que todos los temas estén pospuestos menos 1: ese en el que estás trabajando de forma más activa.

4. La memoria importa

Por último y como la única clave que importa es la intención, es recomendable que si te pierdes vuelvas a recordar por qué estás haciendo lo que estás haciendo.

Esta es la función de un buen objetivo. No solo te deja perfectamente claro lo que quieres hacer sino que te recuerda y ayuda periódicamente a decidir para ir encaminando tus acciones y decisiones para que logres lo que te habías propuesto.

Piénsalo como si tuvieses que vendarte los ojos y correr a ciegas 100 metros.

En los primeros pasos es muy fácil correr a ciegas porque acabas de ver que el camino estaba despejado, era liso y estabas bien orientado. Pero con el tiempo te irá entrando más miedo, no sabrás si te has desviado o si hay alguien en el medio poniéndote una zancadilla sin que puedas verla.

Mirar regularmente a tu objetivo es como quitarte la venda cada pocos metros y mirar un segundo al rededor. Pues lo dicho: tenlo a mano y míralo en cuanto dudes porque nadie puede correr a ciegas demasiado sin empezar a dudar de que va por la buena vía.

¿Qué opinas? ¿Tienes algún truco a mayores que uses para estas situaciones? Espero que con estas pautas le pierdas el miedo a posponer ciertos temas, puedas avanzar tranquilo en los que escojas para que alcances tus objetivos.

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